jueves, 5 de septiembre de 2013

Te apuesto que es la última jugada


Por:  Julián Puentes Villanueva  @julianpv_
        Laura Bustamante  @laurabustamant


"Si eres alcohólico, llegas con tufo a tu casa y te descubren, con la ludopatía no pasa igual porque nadie puede demostrarte que estuviste jugando". Aunque es una adicción como cualquier otra, la ludopatía es más difícil de identificar debido a sus síntomas ya que estos aparecen una vez la enfermedad está avanzada.

Mundo Cyborg: Transhumanismo



por: Diego Cangrejo @Diegorko 

El Transhumanismo afirma la posibilidad y necesidad de mejorar la condición humana, en Colombia existen organizaciones que llevan adelante estos procesos de transformación del Hombre en Cyborg apostando a un mirada futurista del los seres humanos

¿Y quién responde?



por: Maria Del Mar Chaparro Escobar @MariaEscobar124
       Edward Leonardo Quintero @EdwardQuinAmaya

"Debido al paro agrario en Colombia, se han desatado daños en todos los sectores económicos; pero también se vieron afectados los negocios y locales de personas inocentes dejándoles grandes perdidas. Y ha estos ¿quién les responde?"


Una discusión que desató el pulguero

       Por: Daniel Salazar Castellanos

El mercado de pulgas de San Alejo: un lugar en donde los objetos viajan al presente en la llamada máquina del tiempo bogotana 
 Los domingos en Bogotá son días en los que  el recuerdo emerge de las cenizas y los tesoros del pasado se desentierran. Los veteranos comerciantes se ubican en carpas carcomidas por la lluvia y el trajín. Ofrecen mercancía desempolvada que se vende hace más de 29 años, de los cuales 11 se la han pasado peregrinando de un lado al otro. En 1995 se establecieron en un parqueadero que se disfraza de anticuario una vez a la semana.

Justo en la carrera séptima con calle 24, en una larga avenida que recorre más de 200 cuadras de la ciudad, se encuentra el mercado de pulgas de San Alejo. Un lugar visitado por más de 40 mil personas en búsqueda de cosas curiosas y antiguas. Los objetos que se encuentran van desde un cristo del siglo XIX, hasta los primeros televisores que trajo el general Rojas Pinilla en la década del 50.

Un comercio que según compradores experimentados como Don Orlando Sáenz, “mantiene la esencia de las pulgas y contrasta con la frialdad y la carestía de los Toldos de San Pelayo”. Un mercado  ubicado en el barrio Usaquén al norte de la capital, rodeado por los modernos edificios bogotanos, las cadenas hoteleras, el centro comercial Santa Bárbara y restaurantes de lujo, en donde las personas suelen almorzar luego de recorrer el feriado. 
En las desgastadas carpas de San Alejo se refleja el paso de 
los años, la insolencia del clima  y el trajín de los trasteos.


Una experiencia que para los encopetados y con aires de grandeza equivale a un viaje por tierras excéntricas y remotas. Al contacto con las figuras del arte country estos personajes transforman sus rostros con expresiones de sorpresa y frenesí. Se detienen a examinar, miran extrañados y con rigor analizan  la simpleza de la artesanía. Un hecho que genera curiosidad y muchas veces risa en los extranjeros que no entienden la situación.

Visitantes como Doña Margot de Castro optan por venir a este lugar por motivos de “seguridad”, pues según recuerda el centro es un lugar “peligroso y sombrío”, una razón de peso que la cohíbe a ir a las pulgas de San Alejo, un mercado en el cual “solo se consigue basura”. Una afirmación que contrasta con la experiencia de los viejos catadores de mercancía de las pulgas del centro, como es el caso de Udo Siig Gerberson, un pintor Estoniano radicado en Bogotá que se ha topado a través de los años con verdaderos botines. Según cuenta, la suerte lo ayudó a descubrir  litografías firmadas por el mismísimo Manzur, y hasta un cuadro original del maestro Mantilla Caballero  que compró por 12 mil pesos sin saber su autor, ahora su pieza está avaluada por 10 millones.
Dos mercados existentes y una esencia que difiere en el sentido de conservar la tradición. Para algunos vendedores del centro, como Guillermo Rojas, “el comercio de Usaquén no debería considerarse de Pulgas, puesto que solo se dedican a la manufactura artesanal”, con lo cual se pierde el alma de estos lugares. El hecho de que todos los productos estén empacados en cajas nuevas y relucientes, hace que en San Alejo los cataloguen como vendedores comunes y corrientes.
El mercado de pulgas de San Pelayo está ubicado en Usaquén,
 un barrio que fue declarado en 1987 Monumento Nacional.
La definición tradicional de un mercado de estas características según explica un conocedor en el tema y visitante habitual como Udo, versado en el ambiente de San Telmo y los marché aux puces, consiste en la autenticidad y la originalidad de los productos. Los cuales en el mayor de los casos son piezas históricas y artefactos de difícil consecución para los coleccionistas y aficionados. Cualidades que contrastan con la oferta de San Pelayo en donde se exhiben productos recién salidos de fábrica. Sin embargo Fernando Torres, un vendedor de cuadros que reproducen las obras del famoso grafitero Banksi, dice que en Usaquén el mercado ha evolucionado a feria de arte, pues el nivel socioeconómico de los compradores y las demandas de los clientes  han obligado a que los más de 120 vendedores de la zona se adapten, con lo cual se modifica el concepto de lo que se entendía por pulgas.
Para los comerciantes de San Pelayo esta decisión tiene un componente económico. Trabajar en un sector con un mayor nivel de vida les genera más ingresos, desde su percepción un hipotético traslado al centro les haría perder dinero. Sin embargo, vendedores del centro como Juan Carlos, cuentan que “en muchas ocasiones las ventas han sido buenas". Como aquel día en el que vendió por 900 mil pesos un viejo carrito de juguete alemán de 1938.
Rodeados por los cerros bogotanos y la arquitectura del seminario, en San Pelayo
 más de 120 vendedores ofrecen su mercancía todos los domingos y días de fiesta.
Por ahora el dilema continúa,  la decisión del Concejo de Bogotá  en 2005  de declarar a los mercados de San Alejo y San Pelayo como Patrimonio de Interés Cultural y Turístico de la ciudad, sigue siendo el foco del debate que hace reflexionar a los vendedores acerca de la esencia de las pulgas, y el mérito que tiene el mercado de Usaquén al recibir esta denominación siendo una feria de arte.
Desde lejanías, don Manuel un vendedor de la comunidad de pulgueros del centro, invita a sus colegas de Usaquén a recuperar la esencia perdida. Sentado en su puesto de trabajo y rodeado por relojes de hace 100 años, microscopios franceses, cámaras polaroid y muebles isabelinos, considera que el éxito del oficio está en el esfuerzo de las más de 500 familias trabajando en favor de la tradición y no del dinero. Al pensar en la transformación de San Pelayo, tan solo puede guardar silencio, pensar un poco y responder: “cambiemos de tema que esa vaina me pone de malas pulgas”.


Un hogar bajo el puente


Por: Michelle Sánchez Russi 

Vista del puente de la carrera 68  en el noroccidente de Bogotá: lugar donde se encuentra el hogar de Luis y Beatriz
Bajo el puente que comunica la calle 26 con avenida 68 se encuentra una casa que nació como bodega de ladrillo con reducidas ventanas y un portón rojo metálico. Su frente es el  corredor de peatones que transitan afanosamente y con indiferencia. Este es el hogar de Luis Eduardo Rojas y Beatriz Caicedo, una pareja de ancianos de 74 y 73 años, quienes llevan viviendo allí más de 18 años. Hoy este es un espacio ajeno que  se convirtió en tutelas que buscan reconocer el tiempo y la labor realizada por esta familia.
“Esta bodega  me la asignó en 1997 el señor alcalde de la localidad de Engativá, Orlando Páez  para que la cuidara porque había mucho vandalismo, ladrones y atracadores; yo tenía un puesto aquí como vendedor ambulante, y en ese momento el alcalde me vio y me propuso la idea de cuidar este lugar”. Según Luis Eduardo, el alcalde les propuso esto, porque veía en ellos una necesidad por un lugar donde poder establecerse sin depender de nadie.
En muchas ocasiones han  intentado expulsarlos del espacio que ellos consideran su casa, pues de alguna forma  para las autoridades son  vistos como invasores de un espacio público. “La alcaldía ha querido que yo salga de aquí porque hace 5 ó 6 años vinieron con una orden de  tutela  para  despojarme, pero como yo tengo una carta les dije que espero sea reconocido mi trabajo”.
Luis y Beatriz :la historia de los ancianos cuyo actual
 hogar es una pequeña casa bajo un puente

Ambos son boyacenses y desde jóvenes tuvieron curiosidad por conocer más de cerca la capital de Colombia. Iniciaron su vida en el barrio La Juventud en un pequeño cuarto donde no se sentían cómodos. Tras la oferta del alcalde ahora viven  en dicha casa la cual, es considerada para ellos, un contraste difícil de asimilar. ”Es fastidioso, por los ruidos, los olores, el ajetreo y aparte de eso, el polvo que se presenta aquí nos hace doler la garganta bastante”.  
 Dentro de esta casa, que mide aproximadamente ocho metros de frente por 20 metros de profundidad,  tienen lo necesario: camas, una mesa para comer, una estufa a gasolina que sirve como cocina  y un televisor que no tiene la suficiente señal debido a la ubicación en donde se encuentra. Sus ventas les permiten recoger el dinero  del alimento diario  para cocinar  un arroz con papas.

Con 20 años de casados y cinco hijos, siempre se han mantenido unidos. Según Beatriz lo más importante para ellos es su  gato y  sus tres perros quienes son guardianes del lugar. “Somos muy unidos nos cuidamos mucho, contamos siempre con todos en todo. A pesar de nuestra situación siempre hallamos la forma de salir adelante”, afirma Beatriz con un tono de tristeza.

Según el alcalde de Engativá Carlos Naranjo, la localidad es consciente de este caso y está tomando medidas para generar una ayuda. “Este proceso lleva tiempo y debe ajustarse al caso de ellos y  buscarse una solución que beneficie tanto al Estado como a esta familia. Su situación no es la que debería ser pues son personas de la tercera edad, pero su caso está siendo estudiado y pronto se verán resultados”.

Luis y su familia no poseen los servicios básicos a los que cualquier persona tiene derecho, pues recientemente en lo que ellos consideran un intento de desplazamiento forzoso, el servicio del agua les fue cortado.  Como consecuencia de esto, han tenido que buscarla por sus propios medios y con ayuda de vecinos del barrio Salitre, El Greco. “Son personas que merecen tener mucho más que esto, son valientes y siempre los ayudaré lo más que pueda”, cuenta Carlos Matiz, habitante del barrio Salitre y conocido de la familia Rojas. 

Esta familia actualmente se enfrenta a múltiples factores que los afectan como la inseguridad, un ambiente contaminado y la inestabilidad  de desconocer su futuro al carecer de un techo adecuado; sin embargo este lugar los acogió cuando carecían de una condición digna para vivir. Su futuro es incierto pero su hogar se encuentra allí: bajo el puente.




Dos géneros, un balón

Por: 
Julián Bernal @juliandbernalp 
Paula Bolivar @paulabolivar


Tras el grito desaforado de un GOOOOOL, o tras la hinchada invencible llena pasión no siempre está un hombre, hoy la mujer hace parte de las barras dando su último aliento como una guerrera en su lucha de mujer.

Starbucks vs Juan Valdez, la pelea por el emporio del café




La llegada de Starbucks a Colombia genera confusión e incertidumbre. Las diferencias son muchas: su historia, sus cifras de ventas, los países en donde se han establecido y hasta la composición de un café americano y un tinto generan en las dos empresas grandes diferencias.