jueves, 8 de agosto de 2013
Olfato antiexplosivo
Por: Diego Mejía y Daniel López@diegomejia89 @DanielLpez14
La inhalación de sustancias tóxicas en el proceso de entrenamiento a perros anti-explosivos producen afecciones respiratorias y neurológicas que se manifiestan en el transcurso de su vida. Su función en los campos de batalla reduce su productividad entre cuatro y cinco años. Conozcan cómo vive un perro antiexplosivo.
No todo lo que brilla es chino
Natalia Caguasango @natacaguasango
Carolina Cortés @ccortesj
Ana Maria Triana @am_Triana
Las importaciones de zapatos provenientes de China ocupan cerca del 50% de la industria del calzado nacional, agravando la crisis económica del Barrio Restrepo en Bogotá. La Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, el Cuero y sus Manufacturas, ACICAM y la Secretaria de Desarrollo Económico crearon la marca Hecho en el Restrepo, que busca incentivar el comercio de los productos del sector. Los microempresarios no están convencidos con la medida, sin embargo, no dejan de luchar para reactivar ...
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El califato de la novena: un pulso entre modernidad e historia
Por: Daniel Salazar Castellanos
Vista de la carrera novena, en el centro de Bogotá: un lugar de sastres, de historias y viajeros.
Las fotografías de Bogotá en los años finales de los cincuenta y la década venidera del sesenta, en su mayoría mostraban personas con sombreros encintados, trajes elegantes y zapatos lustrados. En estos tiempos la población de más de dos millones de habitantes solía vestir refinado y comprar en la carrera novena sus trajes. Tiendas que para aquel entonces “solían tener fama y prestigio” como lo contó a sus nietos don Arístides Castellanos, quien fuese un fiel y reconocido comprador de esta zona.
En dicha época, “el país no figuraba como un lugar atractivo para el mundo” contaba el señor Castellanos, pues la afluencia de extranjeros era poca con respecto a otras repúblicas vecinas. Los relatos de los viejos libros españoles de historia de la editorial Santillana, cuentan que en Argentina, por ejemplo, se acentuaron más de 6 millones de habitantes foráneos, mientras que en Colombia la cifra no era comparable ni con la de Chile, que contaba con una afluencia cercana a los 200 mil.
Según los registros del DANE, en los últimos 50 años el país nunca ha superado la cifra de los 170 mil extranjeros. La mayor oleada migratoria fue en 1964, año en el cual arribaron 82 mil personas. A pesar de las cifras, serían estas mismas historias de gentes lejanas las que aguardarían por ser contadas, escondidas entre calles y tiendas.
En la carrera novena, una ruta prolongada y angosta como un riel, rodeada de edificios viejos y alimentados por el polvo, de restaurantes de comidas rápidas, del ajetreo de los oficinistas y el ritmo acelerado de los carros que llenan la calle de Smog, conviven historias de inmigrantes árabes, escondidas tras unas viejas vitrinas de madera y unos maniquíes descoloridos y cubiertos de raspaduras. Comerciantes, negociantes y emprendedores de la venta de ropa que llegaron al país hace más de 40 años.
| Dib Dib: La historia de un pueblo inmigrante contada desde un descendiente que se niega a acabar con la tradición. |
La segunda ola de viajeros llegó en 1967 por la guerra de “los seis días de junio” que provocó un éxodo de medio millón de personas. Hassam Mohammed está en Colombia luego de este hecho. Sentado ahora en su gran tienda, recuerda cómo llegó a Bogotá sin un peso “para empezar de cero”. En una ciudad ajena y sin saber el idioma, “tuvo que vender telas puerta a puerta para poder sobrevivir”. Luego con sus ahorros y el esfuerzo del trabajo montó una tienda de trajes que perdura aún con el nombre de Pequeño París.
Este trabajo ancestral se ha visto amenazado por las nuevas tendencias y el auge de las grandes cadenas líderes ahora del mercado. Según el informe de la federación Nacional de comerciantes en 2012, las compras en los centros comerciales creció en un gran porcentaje: 9,28%. Una cifra que se conjuga con las cuantiosas ganancias del sector que oscilan en los 26 billones anuales. Estos indicadores, en comparación con la caída de la industria textil nacional que fue de 0,9%, y el número de desempleos que hubo a causa de la crisis en el sector que se estiman fueron 35.000, contrastan con la situación de los comerciantes de esta zona.
Dib Dib un árabe que llegó en 1980 a Bogotá, recuerda ahora con nostalgia la historia de sus ancestros, “los pioneros”. Cuenta como sus padres poblaron la zona alta de Bogotá en barrios como: El Egipto, Jerusalén y Belén. Barrios cercanos al lugar donde se fundaron las tiendas de ropa. Una época en la que él recuerda que “las ventas eran masivas y cuantiosas”, ahora todo luce un tanto solitario y los clientes parecen ser esporádicos. Las compras de las personas se remiten a los eventos especiales como las primeras comuniones o los bautizos, con lo cual la economía se ve afectada. Para Dib esta situación también responde al ingreso de la mercancía China, “la cual es mucho más económica y rentable para el consumidor”.
Un hecho que se ha visto manifestado en cifras, pues según Portafolio.co las importaciones de ropa de China corresponden a un 58 % de la manufactura que llega al país, sumado a esto el gobierno invierte cerca de 684 millones de dólares en traer confecciones del exterior que penetran el mercado interno de nuestro territorio.
La irregularidad de las ventas ha producido que los jóvenes descendientes de estos viejos maestros del oficio opten por irse y tomar nuevos rumbos para su vida, tal y como sucede con los hijos de Hassam, él cuenta que “muchos muchachos, hijos de personas conocidas, han decidido irse a los Estados Unidos y Europa para estudiar”.
Resignado Hassam explica que “los locales que en tiempos pasados eran atendidos por sus dueños, tristemente ahora están despidiendo cada día a más fundadores”. Según contaba don Arístides, “antes era posible encontrar un número cercano a las 40 tiendas, actualmente tan solo pueden contarse algunas”. Un recorrido por la zona que comprende unos 20 locales, tan solo nos remite a 3 encuentros con árabes, los demás son empleados colombianos. Como dice Marta, vendedora de la tienda Brunos Valente: “ni los árabes dueños del restaurante del frente se la pasan allá, todos se están yendo”.
Por ahora estas calles guardan recuerdos de personas que contribuyeron a la construcción de una ciudadanía diversa con más de 50 años de influencia. Con su partida paulatina se perderá una tradición auténtica y una rica historia que se cuenta en paralelo con la nuestra, una relación intrínseca, pues según Portafolio.co viven actualmente 1. 500. 000 colombianos descendientes de estos viajeros en el país.
La herencia del buen vestir y los diseños de estos hombres, aguardan aún bajo los estantes que vieron salir la ropa de miles de bogotanos desde 1960. Ciudadanos que usándola alimentaron una historia desconocida que emerge de esta tradición oral citadina, una historia que ahora corre el riesgo de perderse en el olvido y en esta batalla cara a cara contra la modernidad. Una situación que como dice Dib en español fluido, “cada día se pone más dura”.
Bogotá grita, el gobierno no la escucha
Por: Paula Bolivar y Julián Bernal.
@Paulabolivar
@juliandbernalp
Esta nota radial busca informar a los jóvenes acerca de la contaminación auditiva a la que se encuentran expuestos actualmente. Ésta está narrada de una forma literaria en la que una niña hace un recorrido en transporte público por Bogotá, enfrentando miles de obstáculos sonoros que la llevan al malestar físico y mental mientras escuchamos la voz de expertos y peatones.
¿Bogotá cómo vamos?
Por: Daliana Garzón y Javier Linares
@DaliGarzón @JavierLinaresM
Bogotá Cómo Vamos es un ejercicio ciudadano de seguimiento periódico y sistemático a los cambios en la calidad de vida de la ciudad y al Concejo de Bogotá DC, en esta infografía se muestra los datos más relevantes, críticos, que perjudican y favorecen la ciudad en la actualidad.
Bogotá Cómo vamos
@DaliGarzón @JavierLinaresM
Bogotá Cómo Vamos es un ejercicio ciudadano de seguimiento periódico y sistemático a los cambios en la calidad de vida de la ciudad y al Concejo de Bogotá DC, en esta infografía se muestra los datos más relevantes, críticos, que perjudican y favorecen la ciudad en la actualidad.
Bogotá Cómo vamos
Esclavos del balón
Manifestaciones de futbolistas al inicio de la temporada pone en alerta a los hinchas, directivas y al Ministerio de Trabajo frente a la responsabilidad para creas leyes que los protejan.
Por: Diana Paola Avendaño Sandoval
“La Ley de Futbol”, un proyecto propuesto por el ministro de trabajo Rafael Pardo, generó protestas en futbolistas colombianos. En la fecha que dio inicio a la temporada de la Liga Postobón 2013-II los jugadores se sentaron en el círculo central de las diferentes canchas del país como evidencia de su oposición no solo a la ley, sino también a la falta de participación en la creación de la misma.
La pelea entre clubes, jugadores y ministro de trabajo Rafael Pardo tiene origen con el caso de Jhonny Ramírez. Éste futbolista, que jugaba en la posición de volante en el equipo del Chicó, era considerado “propiedad” del club pues a ellos les pertenecían sus derechos deportivos. Para desgracia de los jugadores este concepto se les atribuye cuando los clubes tienen un contrato comercial el cual los obliga a pertenecer al mismo sin la posibilidad de renunciar. El año pasado Jhonny se fue en calidad de préstamo y con opción de compra a Millonarios; siendo miembro del equipo “Albi-azul”, el jugador decidió terminar el vínculo con el Chicó porque este club nunca le pagó oportunamente prestaciones legales como seguridad social, primas y cesantías. Sumado a lo anterior, el equipo afirmaba que este jugador ganaba el salario mínimo, pero en realidad devengaba 9 millones de pesos.
Como resultado de lo anterior, el Chicó decidió demandar al jugador de Millonarios no ante la Justicia ordinaria, sino ante la Comisión del Estatuto del Jugador de La Dimayor, pues consideraba que este había incumplido un convenio laboral que aún tenía con el club. El Chicó exigió una indemnización de 500 millones de pesos por derechos deportivos perdidos y 100 millones por perjuicios. Adicionalmente, en el contrato del equipo “Ajedrezado” el jugador estaba obligado a cancelar una multa de 1000 millones si él decidía renunciar. Toda esta plata a un jugador que esta cotizado con el salario mínimo.
El caso Jhonny Ramírez puso en evidencia una gran cantidad de falencias que tiene la legislación a la hora de proteger a los futbolistas. Como lo afirma la periodista Gisselle Palacios “éste en realidad no es el primer caso, de hecho Acolfutpro ya ha hecho público la situación de más de 9 jugadores que están en la misma situación, el problema es que como éste es un jugador de un equipo ‘importante’ que además los hizo campeones, entonces solo en ese caso se presta atención. Sin embargo, es muy bueno que ya esté en la opinión pública el tema.”
Existen varias miradas no solo ante este caso, sino también frente al proyecto que presentó el Ministerio de Trabajo, liderado por su ministro Rafael Pardo, respecto a la Ley de Fútbol como respuesta de las quejas que se han presentado por la falta de mecanismos legales que protejan a los futbolistas colombianos. Por un lado, los jugadores manifestaron su inconformidad por no contar con su participación a la hora de elaborar esta propuesta; es por esta razón que cuando empezó la temporada (Liga Postobón 2013-II) vimos que todos futbolistas sin importar el equipo se sentaron alrededor del círculo central de la cancha durante unos segundos e hicieron público su inconformidad como gremio.
Las miradas de la ley
Desde el punto de vista jurídico y legal el tema es complejo; inicialmente es válido aclarar que un jugador tiene dos tipos de contrato, uno comercial y uno laboral, hecho que determina no solo el caso de Jhonny, sino también la posición de los jugadores frente a la ley propuesta. El abogado penal de la Universidad del Rosario, Pedro Contreras explica que “desde el punto de vista del contrato laboral el jugador está en la capacidad de reclamar pues existe un incumplimiento a su contrato laboral; sin embargo, el jugador está sujeto a un contrato comercial, es por eso que el club también puede reclamar. Pero más allá de este caso, el problema real radica en la negociación que Acolfutpro, la Dimayor, la Federación y los jugadores deben tener. Si bien los clubes no pueden perder plata cuando le invierten a un jugador en toda su preparación profesional, tampoco se puede concebir que sean tratados como esclavos y que se les violen derechos básicos como el de su libertad, por su puesto todo bajo acuerdos legales”.
No obstante a este escenario se le suma un problema que podría ser mayor. Muchos jugadores conocen de qué se trata esta ley y cuáles son sus propuestas, pero otros la desconocen. Es el caso de Luis Carlos Arias, jugador del Independiente Santafe, quien al preguntarle por la ley, responde: “yo en realidad no sé muy bien en que consiste esa ley, algunos compañeros a los que si los han informado son los que nos dicen que debemos oponernos, y por eso es que así no todos entendamos de que se trata, pues igual protestamos porque tampoco vamos a permitir que hagan algo que nos afecte”.
La pregunta aquí es ¿Qué están haciendo lo clubes, la comunidad y los periodistas para informar a sus jugadores respecto a temas tan importantes como estos, y para no permitir más atropellos a quienes ejercen una profesión como cualquier otra. Para intentar darle una posible respuesta Gisselle Palacios, periodista afirma que “el problema también está en los hinchas y en los periodistas, por una lado a los hinchas solo les importa la pelota, los goles y las barras, y se les olvida saber y preocuparse por los jugadores y por su bienestar como personas… y ahí entra un poco el papel del periodistas, pues nosotros tampoco le damos el interés que se debe al resto de temas que también tiene que ver con el futbol… porque los periodistas deportivos muchas veces les aburre el tema legal, no lo entienden y tampoco les interesa entenderlo ”.
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